Domingo, 25 de Junio de 2017 Actualizado: 05:05 h.

Pocos pueblos del mundo, aunque vivan en la penuria, saben desarrollar una riqueza especial a partir únicamente de su patrimonio cultural y su idiosincrasia. En Cuba su pueblo es su capital principal, la creatividad cubana es conocida internacionalmente por ser singular, atractiva y original. Los ciudadanos de la isla se muestran alegres al mundo por sus convicciones y costumbres, ingeniosos en las soluciones del día a día. En breve se va a abrir en Cuba una embajada de Marruecos, tal y como acaban de anunciar los medios de comunicación de ambos países. Esta noticia nos hace reflexionar sobre el nuevo periodo de relaciones con un pueblo, el cubano, que cree que no hay mal en la isla que dure cien años.

En las letras cubanas es un auténtico placer para cualquier lector el apreciar el día a día de una sociedad abocada a los traumáticos cambios materiales y espirituales

Esta filosofía de la vida diaria puramente cubana de la que tenemos que aprender las demás naciones se ha manifestado en la literatura de este país, que es una de las más prolíficas y relevantes en las letras en español. En el siglo XX la literatura cubana ha ofrecido muchas claves, críticas y propuestas de solución para las situaciones de crisis en las relaciones bilaterales que han vivido los pueblos latinoamericanos a causa principalmente del populismo. Desde los escritos de autores de gran renombre como José Martí, Nicolás Guillén, José Lezama Lima, Alejo Carpentier o Leonardo Padura (Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015), se han trascendido y dignificado los límites del pensamiento y creación literaria cubana para tratar temas de alcance internacional. En las letras cubanas es un auténtico placer para cualquier lector el apreciar el día a día de una sociedad abocada a los traumáticos cambios materiales y espirituales, transformaciones que han definido el desenlace histórico que en la isla se ha ido produciendo a lo largo de estas ultimas décadas.

Nos preguntamos si esta nueva etapa de relaciones bilaterales Cuba-Marruecos va a tener consecuencias en la ciudadanía marroquí. Una imagen viene a nuestra imaginación: la de ciudadanos marroquíes que visitarían la hermosa isla como turistas, como viajeros que buscan el descanso y el sol desde la tumbona de la azotea de un buen hotel, mientras disfrutan de un Habano, ya sea un Montecristo o un Lancero de Cohíba; otros, pasearían lentamente por los célebres paseos marítimos, escuchando al atardecer la melodía del Caribe y el son cubano.

Uno de los cambios y transformaciones positivos que han de acompañar una intensificación del turismo entre ambos países es también la activación de las relaciones comerciales y la desaparición de los prejuicios

Al volver a la realidad, sabemos que uno de los cambios y transformaciones positivos que han de acompañar una intensificación del turismo entre ambos países es también la activación de las relaciones comerciales y, por supuesto, la desaparición de los prejuicios y creencias en estereotipos construidos por parte de uno y otro país; los verdaderos juicios, los exactos, son una consecuencia de las relaciones estables. Es evidentemente que un marroquí y un cubano se conocen mejor si viajan de un país a otro, si construyen caminos de ida y vuelta.

En Cuba existe entre los ciudadanos una extraordinaria red social “real”, no virtual, que hace tiempo dejó de operar en muchos otros países: la solidaridad entre personas. Esta es una característica que ha permitido que esta sociedad mantenga todavía valores que apuntan directamente a la esencia misma de la cooperación entre países. Es el momento de establecer una buena cooperación a nivel económico entre Marruecos y Cuba, sabiendo que el cambio en la economía va más rápido que el político, que es un camino hacia una mayor apertura ideológica y política que a mediano plazo puede impulsar el progreso social. Es necesario respetar identidades para estructurar unas sólidas cancillerías que puedan servir a la cooperación y al futuro de las relaciones que se desean.

Rabat busca reforzar la verdadera imagen de un país estable, solidario que tiende la mano a todos y que está convencida de que el conflicto del Sáhara marroquí tiene una única vía de solución: la regionalización avanzada

Con la apertura de la embajada del reino de Marruecos en Cuba, Rabat busca realmente reforzar, sin clichés ni prejuicios, la verdadera imagen de un país estable, solidario que tiende la mano a todos y que está convencida de que el conflicto del Sáhara marroquí tiene una única vía de solución muy clara y razonable: la regionalización avanzada. Gracias a esta nueva etapa de relaciones entre Cuba y Marruecos nos conoceremos mejor ambos pueblos, algo necesario como dicen las palabras de José Martí “la ignorancia mata a los pueblos, y es preciso matar la ignorancia”.