Sábado, 25 de Noviembre de 2017 Actualizado: 05:48 h.

Senegal es un país de gente grande y esbelta, bellas mujeres y hombres fuertes. Todos ellos están siempre dispuestos a bromear y a hacerte participe de la diversión. Su hospitalidad es tan destacable y particular que hasta tiene nombre propio: la Teranga. La belleza de sus maravillosos paisajes de gigantescos árboles baobabs es absolutamente estremecedora... Pero el país sufre de un raro problema: su cielo está siempre cubierto de una película de polvo marrón. Así, las ciudades de Senegal viven en una perenne nube de polvo que todo lo cubre de un color pardo y que eclipsa los bellos colores que emanan del país.

Un antiguo compañero y amigo que trabajó conmigo en América Latina ahora trabaja en Dakar. Durante mi visita a Senegal, me explica algunas dificultades a las que se enfrenta el país. "Aquí existe aun la poligamia". Comenta mi antiguo compañero que muchas mujeres, antes de casarse, aseguran que nunca aceptarían casarse con un marido polígamo. Muchas, con el tiempo, se ven obligadas a aceptarlo, tienen hijos y dependen económicamente de sus cónyuges.

El gobierno senegalés toma acciones para luchar contra este y otros problemas. Pero, de facto, en este país el poder pertenece a las cofradías religiosas. Y los Califatos, sus máximos dirigentes, imponen frecuentemente sus ideas. Esto, a veces, impide al país progresar. Un ejemplo es la situación de los derechos de los homosexuales que se ha visto muy degradada durante los últimos años.

Durante mi viaje visito la casa de los esclavos en la isla de Gore. Allí, los europeos sometían a los africanos a condiciones infrahumanas. Y esto con el fin de prepararles para el (no menos) inhumano viaje a América. Allí los vendían como esclavos. Estudiando la historia del país aprendo cómo desde Europa se trazaron las fronteras de los países de la región. Para ello se separaron y se anexaron pueblos de manera artificial. No se pensó en las consecuencias de estos trazados para la población.

Me pregunto si somos nosotros, los europeos, los responsables últimos de los males de este país hermoso

Durante la II Guerra Mundial, varios países europeos reclutaron a miles de senegaleses a los que nunca se les recompensó, como se les había prometido, por su participación en una guerra que les era ajena.

Así, me pregunto si somos nosotros, los europeos, los responsables últimos de los males de este país hermoso. Eso equivaldría a afirmar que Europa debe considerar su ayuda al desarrollo como algo parecido a un justo castigo. Pero, ¿debemos construir nuestra ayuda al desarrollo desde el sentimiento de culpa?

Y sigo meditando: ¿O quizás los culpables de las disfunciones senegalesas sean los dirigentes del país? ¿O su población? ¿O acaso los responsables son sus cabecillas religiosos?

Un africano (heterosexual) increpaba a un europeo (homosexual): "Vosotros los europeos sois los culpables de la pobreza en la que vive mi país por los genocidios y el saqueo al que nos sometisteis al invadirnos". El segundo le responde: "Y vosotros los heterosexuales sois los culpables de las aniquilaciones y vejaciones a las que nos habéis sometido a los homosexuales a lo largo de toda la historia de la humanidad por el simple hecho de ser distintos de vosotros".

Lo que quiero decir es que hay situaciones en las que todos los actores involucrados son culpables. O ninguno. O simplemente determinar quién es culpable o inocente es prácticamente imposible y, sobre todo, inútil.

Todos deben contribuir al correcto desarrollo de los países que sufren ciertos retrasos. En el año 2005 visité Berlín. Me impresionó que, por todos lados, había placas conmemorativas, monumentos recordatorios y llamadas a la memoria para recordar a los millones de judíos asesinados por los alemanes nazis. Creo que, en ese sentido, la alemana es una buena práctica. Facilita a su población, primero, conocer su propia historia y evitar así repetir errores. Segundo, comprender por qué deben contribuir al desarrollo de ciertos pueblos y países.

Pienso que los países ricos no deben hacer ayuda al desarrollo desde la culpa. Me pregunto hasta qué punto un joven alemán puede ser culpado por los crímenes cometidos por su tatarabuelo (el caso de Alemania es extrapolable al resto de países europeos). La culpa, además, lleva al resentimiento, al odio y finalmente al conflicto.

Es beneficioso pensar que, en pleno siglo XXI, el primer responsable del desarrollo de un país es el propio país. Esa idea hace a los países en vías de desarrollo empoderarse de propio su destino y evita victimismos.

Durante su historia reciente, Senegal ha gozado de una importante solidez democrática. La riqueza de su industria pesquera es innegable. Su clima, sus playas y sus antiguas ciudades coloniales le brindan un importante potencial turístico. Es Senegal, en varios sentidos, la envidia de muchos países del continente. Con la ayuda de terceros países, deben los senegaleses seguir esforzándose y pulir imperfecciones de su sistema. Seguro que así logrará por fin Senegal brillar con todo su colorido esplendor.