Sábado, 25 de Noviembre de 2017 Actualizado: 05:49 h.

El 25 de noviembre del 2015, día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, me sorprendió en Madrid. Aproveché para visitar la exposición que el Museo del Prado organizaba sobre el pintor francés Jean-Auguste-Dominique Ingres. Llamó mi atención la capacidad del artista galo para captar en sus retratos la psicología de los hombres. Sin embargo, en sus representaciones de mujeres no vi tal cosa. Es como si las mujeres para él no tuvieran psique. O peor aun, que ésta no importara. Me dio la impresión de que, en sus cuadros, las mujeres eran solo objetos sexuales.

Iker Seisdedos publicaba un artículo relacionado con la inauguración de esta exposición de pintura. Allí, el periodista explicaba cómo el grupo feminista Guerrilla Girls diseñó un cartel con el cuadro de Ingres La gran odalisca tocada por una máscara de gorila. En él se leía la siguiente denuncia: "¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el (museo) Metropolitan?". En efecto, menos del 5% de las obras de la sección de arte moderno en ese museo son de mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos.

'La gran odalisca' (1814), de Jean-Auguste-Dominique Ingres que se expuso el año pasado en el Museo del Prado.

Al mismo tiempo que se inauguraba esta exposición, el museo Thyssen Bornemisza de Madrid exponía Arquetipos, del pintor noruego Edward Munch. Se trata de una selección de cuadros provenientes del Munch-museet de Oslo. La exposición estaba dividida en varias partes. Debo confesar que, viendo los títulos de estás últimas —melancolía, muerte, pánico...—, me sentí un poco aliviado de que no trajeran la colección completa del museo noruego.

Bromas aparte, en la exposición de Munch se exponían varios cuadros de auténticas y malvadas mujeres devora-hombres. Creí entonces encontrar la respuesta a la pregunta de las Guerrilla Girls: Las mujeres tienen cabida en los museos sin tener que estar desnudas... siempre que sean viles, vengativas o crueles. "Viví una época de transición, en pleno proceso de emancipación de las mujeres... entonces era la mujer que tentaba y seducía al hombre, y luego le traicionaba", decía el noruego.

Las mujeres tienen cabida en los museos sin tener que estar desnudas... siempre que sean viles, vengativas o crueles

No sé cómo serían las cosas en la Noruega de principios del siglo XX. En el resto el mundo, sin embargo, la mujer estaba muy lejos de haber alcanzado la emancipación. Por eso me pareció falsa la visión cruelmente dominante que Munch ofrece de la mujer.

Siguiendo con el encaje de la mujer en la sociedad actual, señalemos que éstas están hoy subrepresentadas en relación con los hombres. Y esto en casi todos los aspectos de las sociedades europeas. En el mundo de los negocios, solo uno de cada seis socios de las mayores empresas que cotizan en bolsa son mujeres; y solo el 4% de sus presidentes son mujeres. Esto representa una pérdida de potencial económico. Una mejor distribución de género proporciona a las empresas un mejor desempeño económico, un óptimo proceso decisión y un mejor reflejo del mercado (el 70% del consumo mundial es realizado por mujeres). Además, el envejecimiento de la población requiere la incorporación de la mujer al mercado de trabajo.

Las noticia más leída de muchos periódicos hace unos meses era una crítica feroz al sorprendente cambio físico de una actriz americana. Hoy, si las actrices de cine acuden a la cirugía estética para lucir jóvenes y guapas, determinadas publicaciones (demasiadas) las ridiculizan hasta la humillación. Pero si estas actrices no lucen jóvenes, no las contratan para hacer películas. A la vez, muchos de los actores de su misma generación ven como, con el pasar de los años, su caché aumenta (a la vez que sus tripas y sus calvas, frecuentemente). Entonces: ¿Por qué algunos se empeñan en definir la valía de las mujeres en función de su imagen? "En cien años, todos calvos" dice el proverbio español: Apostar por la imagen a largo plazo es apostar a perder. Es injusto y contra-producente.

Si las actrices de cine acuden a la cirugía estética para lucir jóvenes y guapas, determinadas publicaciones (demasiadas) las ridiculizan hasta la humillación

Hay afirmaciones y publicaciones que pueden resultar peligrosas. Hace poco se cumplían 50 años de la primera edición de la novela de Nabokov Lolita. Es la historia de un hombre capaz incluso del asesinato para vivir una pasión pedófila.

Algunos ven en el libro un canto a la libertad más allá de toda ética. Pero la falta de moral la convierte en una novela de alguna manera peligrosa: Mentes inexpertas pueden erróneamente tomar por aceptable lo que no fue condenado. De la misma manera, textos que reducen a las mujeres pueden resultar peligrosos porque fomentan injusticias. La peligrosidad de determinados textos obligan quizás a considerarlos de manera particular.

Hace poco leía la obra de teatro de Albert Camus Los justos. En ella y en nombre de la justicia, sus protagonistas cometen un crimen atroz. La conclusión del libro es que, las virtudes, llevadas al extremo, pueden transformarse en atrocidades. La libertad (y la libertad de expresión) constituyen grandes logros para las sociedades que disfrutan de ellas. Por eso deben ser usadas responsablemente.

Lo que hace grandes a las obras de los genios del arte son sus numerosas facetas. Disfrutemos de aquellas instructivas pero no olvidemos que algunas de estas facetas resultan reprobables. ¿Y que decir del periodismo que reduce a las mujeres a simples objetos de decoración? Es irresponsable. No nos resignemos. No aceptemos a aquellos que no usan la libertad de expresión correctamente: No atendamos, no leamos ni dejemos espacio en nuestra vida a aquellas expresiones que traten a las mujeres de forma injusta.