Sábado, 25 de Noviembre de 2017 Actualizado: 05:49 h.

Según el artículo Hillary y la desigualdad social, de Paul Krugman, las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos estarán centradas en el tema racial: En efecto, el texto del Premio Nobel de economía parte de la definición de "desigualdad horizontal" (desigualdad medida entre grupos racialmente diferenciados y no entre individuos en general) y explica, entre otras cosas, que si Clinton se impuso en las primarias demócratas a Sandersfue porque éste ultimo basó su estrategia en las diferencias poblacionales a nivel individual mientras que Clinton lo hizo a nivel racial.

En 2015 el premio literario estadounidense National Book Award recayó en la novela Between the World and Me (Entre el mundo y yo) con la que su autor, Ta-Nehisi Coates, explora las relaciones raciales en Estados Unidos. El libro, convertido en un éxito de ventas y en uno de los análisis del racismo en el país más comentados, se desarrolla en un momento de repetidos episodios de violencia policial contra afro-descendientes en Norteamérica.

No deja de sorprenderme la importancia acordada al tema de la raza. Según J. Craig Venter (director de Celera Genomics Corporation en Rockville, Maryland), la raza es un concepto social y no científico: "Los investigadores afirman que aunque pueda parecer fácil decir a simple vista si una persona es caucásica, africana o asiática, la facilidad desaparece cuando se comprueban características internas y se rastrea el genoma del ADN en busca de signos relacionados con la raza" (Natalie Angier, New York Times). Así, los investigadores consultados son contundentes al respecto: "Solo hay una raza: La raza humana".

En el libro comentado anteriormente, Ta-Nehisi Coates sostenía que el racismo "es el padre de la raza y no el hijo". Yo me pregunto entonces: Si el concepto "raza" fue creado por algo tan nefasto como el "racismo", ¿no deberíamos ningunearlo? ¿por qué insistir en otorgarle importancia?

Echemos un vistazo a las cifras sobre desigualdad racial en EEUU para hacernos una idea de la envergadura de la problemática. En su artículo "Cinco cifras para entender la desigualdad racial de EE UU", la BBC Mundo denuncia cómo "los negros en Estados Unidos tienen menos riqueza y menos ingresos que los blancos, más probabilidad de ser encarcelados y menos probabilidad de completar un grado universitario".

Durante la última crisis económica la riqueza de las familias negras cayó en 31%, mientras la de los blancos se vio afectada solo en 11%.

La BBC explica en varios puntos esta realidad: Primero, en lo que se refiere a la repartición de riqueza, se evidencia que, por cada seis dólares que tienen los blancos, los negros tienen uno (además, la proporción crece con relación al promedio de 1983). Durante la última crisis económica la riqueza de las familias negras cayó en 31%, mientras la de los blancos se vio afectada solo en 11%. Segundo, en lo que a justicia se refiere, los hombres negros recibieron sentencias 19,5 veces mayores que sus pares blancos en situaciones similares. Los afro-estadounidenses, que son el 12% de la población, representan el 40% de las personas encarceladas en Estados Unidos. Tercero, en el terreno educacional, los estudiantes negros son suspendidos y expulsados tres veces más que sus pares blancos (16% contra el 5%) en los colegios. Cuarto, el 70% de los negros y 37% de los blancos consideran que los afrodescendientes reciben un peor trato de la policía en Estados Unidos. Quinto, la población negra es la que menos tiene una casa propia, por debajo del promedio nacional.

Estas cifras exponen una realidad que es extrapolable en cierta medida al resto de los países occidentales. Además, demuestran lo injusto del racismo y ofrecen pistas de cómo atajar el problema (facilitar el acceso a la compra de vivienda a la población afrodescendiente…)

Por todo lo expuesto, parece lógico que nada bueno puede surgir del racismo. Si, como se explicó anteriormente, la raza surge del racismo, entonces, tan malo es un concepto como el otro. Así pues, deberíamos tratar de erradicar también la realidad que la raza constituye.

¿Cómo llevar a cabo esta supresión? Hay un gran abanico de posibilidades: Desde dejar de preguntar la raza de las personas en determinados formularios públicos hasta cambiar en nuestro vocabulario habitual términos referentes a razas por otros que no lo sean.