Sábado, 25 de Noviembre de 2017 Actualizado: 05:49 h.

En el año 2004 concedieron el premio Nobel de literatura a la escritora austríaca Elfriede Jelinek. Llovieron las críticas: "Jelinek está loca", "su obra es brutal", decían. Tanto fue cuestionada la elección que incluso el prestigio del galardón sueco fue puesto en tela de juicio. La Pianista es una novela de Elfriede Jelinek. Habla de una mujer austriaca que, en pleno siglo XX, vive sometida a su cruel madre. Ésta última trata de reducirla constantemente volviendo miserable la existencia de su indefensa hija.

AIVI es la asociación internacional de los supervivientes, familiares de supervivientes, profesionales y ciudadanos implicados en la lucha contra el incesto. La página web de la asociación informa de que, en Francia, el número de condenas no representa el número de víctimas (Esto se debe a que 90% de las víctimas no denuncian y el 80% de las denuncias quedan cerradas sin consecuencias). Aun así, y a modo indicativo, AIVI señala que en 2009 el número de violaciones y de agresiones sexuales reconocidos en el registro de antecedentes penales francés fue de 1.412 y 5.517 casos respectivamente.

Lust, otro libro de la escritora Elfriede Jelinek, habla de una mujer maltratada física, intelectual y sexualmente por su propio marido. Las vejaciones a las que está sometida su protagonista, una europea de clase socio-económica alta, también son continuas. La historia se desarrolla durante la última mitad del siglo pasado.

Según los datos de la Agencia de Derechos Humanos de la Unión Europea, Dinamarca, Finlandia y Suecia tienen las cifras más altas de violencia machista en Europa: El porcentaje de mujeres mayores de 15 años que han sido agredidas física o sexualmente por hombres que no eran sus parejas supera allí el 30% (¡El 40% en Dinamarca!). Lo peor es que, según indican los expertos, no es que en estos países se den más casos, sino que allí las víctimas denuncian y en otros lugares de Europa, no tanto.

El libro de Jelinek Los excluidos es la historia de unos niños que viven en Europa. Como su propio título señala, estos niños se ven excluidos de la sociedad en la que viven. Y esto, frente a la pasividad de la población que les rodea.

En el viejo continente, 13% de los niños abandona la escuela después del primer nivel de secundaria

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), no duda en tildar la crisis europea de refugiados y migrantes del 2015 como "una crisis con rostro de niño": Efectivamente y según la organización, uno de cada cuatro solicitantes de asilo son niños, y unos 225.000 niños y niñas necesitan ayuda urgente.

Por otro lado, la Organización no gubernamental Save the Chlidren señala que casi 27 millones de niños están en riesgo de pobreza o exclusión social en Europa: En el viejo continente, 13% de los niños abandona la escuela después del primer nivel de secundaria. Por otro lado, el 17% de los pequeños vive en casas con goteras en el techo, humedades en el suelo o marcos de ventanas podridos. En España, un 29,9% de los pequeños viven en hogares bajo el umbral de la pobreza.

Todos estas realidades son brutales, como también lo es el empeño de algunos países europeos en no reconocer los derechos de los homosexuales. Brutal es criminalizar a los inmigrantes. Brutales son también las reacciones bélicas y vengativas a determinados actos terroristas perpetuados por algunos gobiernos de occidente...

En Europa hemos adoptado una posición algo paternalista hacia los países en vías de desarrollo. Occidente ha sido y es muy generoso en su ayuda al desarrollo a los países necesitados y eso está muy bien. Pero a veces no queremos hacer frente a la realidad de que todavía hay mucho que avanzar en nuestro territorio: Occidente tiene aún que desarrollarse. Somos la locomotora del tren del desarrollo internacional. No solo por lo económico sino, sobre todo, por lo ideológico.

Encumbremos a aquellos que, como Elfriede Jelinek, nos hacen tomar consciencia de esta realidad. Sus ideas son los verdaderos cimientos de la evolución que occidente aun necesita. Tengámosles muy presentes a la hora de formarnos como ciudadanos. A la vez, gozaremos de una literatura de calidad llena de fuerza y cargada de verdad cuya lectura será de agradecer.