Martes, 19 de Septiembre de 2017 Actualizado: 20:03 h.

El secretario general del Frente Polisario ha hecho un llamamiento a todos los miembros de la Dirección Nacional, de la Secretaría Nacional, ministros y directores de la organización para presentarse en los campos de refugiados.
El secretario general del Frente Polisario ha hecho un llamamiento a todos los miembros de la Dirección Nacional, de la Secretaría Nacional, ministros y directores de la organización para presentarse en los campos de refugiados.

Dentro del constante flujo informativo que inunda semanalmente los medios de comunicación más o menos especializados en el tema, nos encontramos con atónita extrañeza una noticia de hace escasos días de uno de los más afines al Frente Polisario. Dicha noticia se hacía eco del inminente anuncio por parte Brahim Ghali -a través de la Oficina de la Secretaria Nacional- relacionado con “la necesidad de alcance a todos los miembros de la Dirección Nacional, a los miembros de la Secretaría Nacional, los ministros y directores, de su presencia en los campos de refugiados saharauis” (se entiende que para que comiencen a residir en los campamentos de forma permanente). Subrayando además que “la decisión también incluirá los diplomáticos y la cámara alta, porque es totalmente inaceptable la distancia que mantienen con los ciudadanos”.

Igualmente continúa diciendo la noticia que “el presidente está decidido a aplicar esta decisión sin ser objeto de debate o negociación, para asumir sus cargos en el desierto con objeto de tratar con las masas y vivir con ellos compartiendo el sufrimiento, y que sus hijos estudien con sus compañeros en las escuelas existentes en los campamentos de refugiados saharauis”. Por último y a modo de cierre, Ghali amenazó señalando que “la Secretaría Nacional de la Oficina tomará medidas punitivas apropiadas con aquellos que se nieguen a cumplir esta decisión”.

Son innumerables los casos de miembros dirigentes que aposentan sus vidas y las de sus familias en acomodados lugares lejos de las penurias del desierto y los campamentos

Probablemente muchos de los que lean esto, y que conocen el tema de forma muy somera, darían por hecho que esto ya era así, a través de la lógica de pensar que tiene uno cerca al que le gobierna, con sus líderes y clase dirigente desde una solidaria proximidad, máxime dadas las dimensiones del lugar y lo sensible de la situación y de la población, y porque no decirlo, a un sentido confraternizador y coparticipe con el pueblo que sufre el exilio desde hace ya más de cuatro décadas.

Lamentablemente esto queda lejos de suceder. Son innumerables los casos de miembros dirigentes, delegados territoriales, diplomáticos, altos cargos y un largo etcétera de similar orden que aposentan sus vidas y las de sus familias en acomodados lugares lejos de las penurias del desierto y los campamentos, algunos de forma casi permanente y sin apenas relevo en el puesto que implique un retorno a la arena. Ejemplos hay muchos, desde el delegado en Naciones Unidas con sede en Nueva York, hasta muchos de los delegados territoriales de las comunidades autónomas de nuestro país. Por citar un ejemplo de reciente notoriedad, dado su perfil activo en las redes sociales, nos encontramos con Emhammed Al Ghasi, célebre tuitero por -entre otras cosas- dedicar a través de sus opiniones toda clase comentarios, carentes de un mínimo de sensibilidad, a los familiares de acogida de las chicas secuestradas en Tinduf. Todo un caso paradigmático el de este personaje, ya que al mismo tiempo que se le llena la boca abogando por la lucha y la resistencia en los campamentos, este ex responsable del aparato de seguridad del Polisario -apodado con el sobrenombre de ‘El Tercio’- se fue descontento a vivir a Suiza, a orillas del Lago Leman y rodeado por los Alpes. ¿Quién podría negarse? Sin duda un entorno idílico desde donde con una proclamar consignas a favor de la resistencia en el desierto. Sin duda todo un ejercicio de doble moral.

En ese aspecto, no tiene uno más que darse una vuelta por cualquiera de los tres Consejos anuales de derechos humanos celebrados en la sede que Naciones Unidas tiene en Ginebra, o por la IV Comisión celebrada en octubre en Nueva York, para darse cuenta que los que representan a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) por esos lares no parezcan la viva imagen del sufrimiento de sus conterráneos, y que cualquier medida que les obligue a cambiar su modus vivendi en el primer mundo no parece que vaya a calar muy hondo entre los destinatarios de la misma. Así que, en el caso de que la orden fuese cierta, queda por ver el acatamiento o implicación de dichos altos cargos hacia esa directriz, teniendo en cuenta el alto nivel de vida, comodidades y prerrogativas de las que disfrutan, y si estarían dispuestos a renunciar a tales privilegios.

Uno tiene uno más que darse una vuelta por cualquiera de los tres Consejos anuales de derechos humanos celebrados en la sede que Naciones Unidas tiene en Ginebra para darse cuenta que los que representan a la RASD no parezcan la viva imagen del sufrimiento de sus conterráneos

En definitiva, lo que en un principio se destapa como una acción loable destinada a acercar al pueblo a sus dirigentes, esconde en el fondo un poso propagandístico lejano a cualquier atisbo de realidad, lo que de alguna manera hace dudar de la veracidad de la noticia y de que finalmente esto sea llevado a la práctica. Se puede casi concluir que este anuncio suena a globo sonda orquestado por la RASD, a través de su aparato de comunicación y medios afines, como campaña para limpiar la imagen y vender las supuestas bondades de la gestión de la cúpula actual desde la llegada de Brahim Ghali.

Una llegada que desde el principio ha estado cargada de polémica y dudas, tanto por los distintos hechos acaecidos desde su llegada y la deriva del conflicto en si, como por la trayectoria del personaje y su arraigo hacia su siniestros orígenes en el Polisario, que han desembocado en los problemas que actualmente tiene con la justicia y que de forma deliberada sigue esquivando, como cuando a última hora declino participar en la pasada edición de la EUCOCO en Barcelona el pasado noviembre, en previsión de una posible detención, y poniendo como burda excusa para su inasistencia la escalada de tensión en Guerguerat. Por otra parte, el tono casi por decreto del mencionado anuncio deja bien a las claras la forma de gobernar con puño de hierro del personaje en cuestión, herencia de la vieja guardia con la que se formó en los orígenes polisarios.

Bajo el envoltorio de medidas de este calado, se pretende difundir y propagar un mensaje en el cual se ensalza de forma exagerada y propagandística, determinados valores que en la realidad y sobre el terreno no se ven reflejados, o no se han visto hasta ahora, a través de la solidaridad con la población de Tinduf desde la igualdad de la convivencia en el terreno, como si de una especie de consigna de unidad hacia el exterior se tratase. Una ficticia imagen de unidad que solo se refleja sobre el papel, pero que en la práctica parece casi una quimera visto el cada vez mayor distanciamiento de la población con sus dirigentes.

En ese sentido una nueva generación de jóvenes saharauis, hastiados de la vida en los campamentos, y de las inoperantes políticas de sus líderes, más enfocadas a perpetuarse en el poder (y lo que ello conlleva) y mantener un status quo de la situación a todas luces beneficioso para dicha cúpula, espera ya impaciente un cambio en la forma de sus dirigentes de gestionar sus vidas y sus esperanzas de futuro, anuladas en un callejón sin salida.

Una nueva generación de jóvenes saharauis, hastiados de la vida en los campamentos, y de las inoperantes políticas de sus líderes, más enfocadas a perpetuarse en el poder y mantener un status quo, espera ya impaciente un cambio

Más allá de las ya conocidas disposiciones internacionales que subyacen en el trasfondo de este asunto, para los jóvenes saharauis nacidos después de la marcha verde, el sueño de un Sahara independiente se está convirtiendo en una pesadilla. La evidencia es que Marruecos jamás va a abandonar ese territorio, al igual que Argelia explota el conflicto como moneda de cambio en su particular guerra fría con su vecino, manteniendo en la práctica una suerte de estado títere en el que los damnificados son siempre los mismos, y entre los que no figura ningún responsable del Polisario. Evidentemente estos, en ese status quo en el que nunca pasa nada, se mueven –o viven- como pez en el agua.

En consecuencia, el creciente malestar socioeconómico en los campamentos enfurece aún más si cabe a unos jóvenes (y no tan jóvenes), que cada vez se alejan más de los campamentos y del manido axioma de permanecer a toda costa en pos de la causa nacional, y cuyo censo real aún seguimos sin conocer con exactitud, pero que según parece va decreciendo exponencialmente. Con una mentalidad independiente en pleno siglo XXI y acceso permanente a la información, y alejados de consignas de contenido vacío y falsas promesas, cada vez más acentuadas disfrazadas bajo medidas imperativas como la antes mencionada impulsada por Ghali.

Dicho descontento, sumado a las dudas que genera el propio Ghali y su forma beligerante de dirigir los destinos del pueblo en el exilio, así como la volatilidad política en Argelia, presionan al líder Polisario a mantener una tensión constante en todas las decisiones que tome. La escalada de tensión en Guerguerat cayó como agua de mayo para reforzar la popularidad de Ghali y enfrentar el descontento propiciado entre la gente por los años de oscuridad en el desierto. Pero el desenlace de la misma no ha hecho sino sembrar más dudas sobre su gestión debido a su talante belicoso, dañando aún más si cabe la imagen de la diplomacia saharaui, bastante castigada ya después del retorno de Marruecos a la UA, la perdida de adhesiones internacionales, y los casos de las mujeres secuestradas en los campamentos por sus familias biológicas, por mencionar algunos ejemplos.

El creciente malestar socioeconómico en los campamentos enfurece aún más si cabe a unos jóvenes, que cada vez se alejan más de los campamentos y del manido axioma de permanecer a toda costa en pos de la causa nacional

En el horizonte asoman como inminentes los próximos pasos de esta interminable historia, el informe anual de la ONU sobre la cuestión y el nombramiento del nuevo enviado especial de la ONU, que en espera de confirmación oficial será el que fuera presidente alemán Horst Köhler. Ahí, en la vía diplomática, está la solución lejos del tono hostil y la búsqueda de portadas de cara a la galería que busca el ínclito Brahim Ghali Sidi Mustafa, con imposibles que no se van a cumplir. Evidentemente no veremos a ningún dirigente retornar desde el exterior para cambiar sus lustrosos zapatos por unos pies llenos de arena. El retorno al pasado no es posible. Ni siquiera aunque Argelia lo ordenase.