Lunes, 27 de Marzo de 2017 Actualizado: 15:23 h.

El penoso camino del wahabismo hacia la renovación

El pasado sábado, Arabia Saudí organizó unos comicios municipales en los que las mujeres han tomado parte por primera vez en la historia política del país. ¡Y no sólo como electoras, sino también como candidatas! Algo totalmente nuevo, y también extraño, en un Estado constituido sobre la doctrina wahabita, una escuela muy rígida, que matiene posiciones contrarias a la mujer, negándole los más básicos derechos, entre los que se encuentra, por ejemplo, el poder conducir un coche.

A raíz de los atentados de 11 de septiembre de 2001, Arabia Saudí se empezó a cuestionar esta corriente religiosa, aunque sin hacer mucho estruendo ni incomodar a los jeques 

Estos comicios eran los terceros de la historia de Arabia Saudí, si bien los primeros con participación femenina. En 2005, el entonces rey, Abdulá, se comprometió a permitir que las mujeres participasen en las elecciones de 2015, diez años después del comienzo de la gran aventura de organizar unas elecciones generales. Aunque formales, éstas tenían un enorme calado simbólico, a sabiendas que la escuela salafista wahabita no reconocía la democracia, simplemente porque no asume ni la pluralidad política ni los partidos.

A raíz de los atentados de 11 de septiembre de 2001, que pusieron en el centro de mira al salafismo wahabita, como responsable no directo de los ataques, Arabia Saudí se empezó a cuestionar, de forma paulatina, esta corriente religiosa, aunque sin hacer mucho estruendo ni incomodar a los jeques, que representan la santa guardia que vela por la protección de la doctrina, y que se pretenden vigilantes de un patrimonio que se remonta al siglo XIX. La clase dirigente se encontraba en la tesitura, por una parte, de reformar su frente interno, aunque sin traumas, y, por otra, modificar su imagen exterior, para no resultar aislados.

Esta diatriba pone en evidencia el dilema en el que se encuentra el estado saudí. El estado más poderoso del Golfo Pérsico se apoya sobre la doctrina wahabita, que le otorga una legitimidad política interna pero que ha llegado a convertirse en su identidad misma. Pero al mismo tiempo se deja sentir lo más pesado de esa doctrina, en lo que se refiere a su libertad de actuar, en un mundo cada vez más complicado, haciendo del país árabe el centro privilegiado de numerosas acusaciones y condenas llegadas de todas las latitudes del planeta.

Aún queda un largo camino por recorrer en Arabia Saudí para reformar el wahabismo, que hoy día se presenta como un legado del pasado. Un legado que ata al Gobierno de pies y manos

El poder político y la santa guardia de la escuela wahabita se enfrentan desde aquel momento, si bien su batalla no es evidente, visible. Estas dos partes se alejan cada vez que el poder toma una decisión que incomoda a los wahabitas. Prueba de ello es la participación de las mujeres en las elecciones. Y los desacuerdos no hacen sino crecer.

Hace apenas unas semanas Aberhman Al Berak, un conocido jeque wahabita, emitió una fatwa (edicto religioso) en la que condenaba y prohibía que una mujer fuera elegida para representar un municipio, al mismo tiempo que el gobierno saudí permitía, por vez primera, que las mujeres de su país gozasen de derechos políticos. El Berak es un jeque anciano, un wahabita duro que se ha negado en varias ocasiones a formar  parte del consejo de ulemas, prefiriendo mantenerse lejos de los centro de poder. Pero El Berak no es el único en oponerse a las decisiones oficiales. Hace unos días otro jeque, Abdelaziz Rais, declaró durante una emisión en una cadena saudí que las elecciones mismas están proscritas en el islam, arremetiendo contra el propio Estado.

Aún queda un largo camino por recorrer en Arabia Saudí para reformar el wahabismo, que hoy día se presenta como un legado del pasado. Un legado que ata al Gobierno de pies y manos.