Domingo, 28 de Mayo de 2017 Actualizado: 13:31 h.

Benkirane, El Otmani y el "interés de la nación"

Con la nominación del número dos del Partido para la Justicia y el Desarrollo (PJD) como jefe de gobierno en sustitución de Abdelilah Benkirane, Mohamed VI ha acallado la voces de aquellos que evocaban la posibilidad de designar un ejecutivo de tecnócratas. En la mente de editorialistas y observadores se hallaba muy presente la experiencia de Abderrahmane Youssoufi, nombrado primer ministro del "gobierno de la alternancia" por Hassan II el 4 de febrero de 1998 y que, a pesar de haberse impuesto en las elecciones legislativas del 27 de septiembre de 2002, tuvo que ver como él y su formación, la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), quedaban relegados a un segundo plano, siendo un tecnócrata el elegido para liderar el ejecutivo, un hombre de la confianza de Palacio, Driss Jettou. Tal nominación fue tildada entonces por la USFP como "no respetuosa de la metodología democrática". Y aquello fue para los socialistas el principio del fin, la génesis de una caída libre que, elección tras elección, al compás de los malos resultados, no hace sino hundir un poco más a la histórica formación. 

A pesar de haber recaído la responsabilidad de componer gobierno en un "político" esto no quiere decir que el nuevo gobierno lo sea

Stricto sensu Mohamed VI no se ha decantado en esta ocasión por un tecnócrata para formar gobierno. Al contrario, el jefe de Estado ha nombrado al número 2 del PJD, claro vencedor de las más recientes legislativas, respetando escrupulosamente el texto constitucional, tal y como recuerda, no sin vehemencia, un comunicado del gabinete real, publicado la tarde del miércoles 15 de marzo. No obstante, a pesar de haber recaído la responsabilidad de componer gobierno en un "político" esto no quiere decir que el nuevo gobierno lo sea. Los vítores y aclamaciones de la prensa oficialista a la maniobra de Su Majestad no oculta apenas que el intervencionismo de Palacio no ha permitido esta eventualidad durante los seis últimos meses en que Benkirane ha conducido las negociaciones. Muy difícilmente podemos justificar la salida del impasse, del bloqueo político, en el "tacto y habilidad política" (sic) de Saadeddine Elotmani. Abrazar este tipo de justificaciones implicaría obviar que, en apenas una semana, el tiempo transcurrido desde el momento de su designación hasta el anuncio de un acuerdo definitivo, el número 2 de la formación de la lámpara ha aceptado sin pestañear condiciones Benkirane había rechazado con el unánime apoyo del partido. 

La pertinencia de la actuación de quienes manejan los hilos sólo el tiempo la juzgará. Mientras, sólo nos queda preguntarnos si asistimos al principio de la debacle del PJD

En apenas unas horas los nombres que compondrán el flamante gabinete se harán públicos y el rey sancionará su nominación. En un lapso récord El Otmani ha escenificado unas negociaciones en las que su margen de maniobra ha sido limitado, por no decir nulo. Las condiciones de la negociación han sido impuestas por el presidente de la Reagrupación Nacional de Independientes (RNI), el riquísimo hombre de negocios y titular de la cartera de Agricultura y Pesca durante las últimas legislaturas, Aziz Akhannouch, y, por tanto, por el propio Palacio. La metodología es diferente a la de 2002 pero, en sustancia, el intervencionismo del principal actor político del país permanece intacto. "El interés de la nación -encarnado por Palacio- es muy superior al interés partisano", afirma a quien suscribe estas líneas un eufórico ex ministro de un partido de la administración. "No podemos confiar el mando del país al PJD y asumir el riesgo de que la nave se hunda", sostiene ante un auditorio de expatriados un conocido editorialista de un rotativo arabófono casablanqués. La pertinencia de la actuación de quienes manejan los hilos sólo el tiempo la juzgará. Mientras, sólo nos queda preguntarnos si, al igual que ocurrió con aquella potentísima máquina electoral llamada USFP, asistimos al principio de la debacle del PJD.