Domingo, 28 de Mayo de 2017 Actualizado: 14:56 h.

Llega el tiempo de la playa y del bronceado

Postal de la playa de Rabat, con los Udayas al fondo, en una época "con hombres y mujeres bañándose y bronceándose sin que nadie mirase mal a nadie".
Postal de la playa de Rabat, con los Udayas al fondo, en una época "con hombres y mujeres bañándose y bronceándose sin que nadie mirase mal a nadie".

Entre veinticinco minutos y media hora tardaba yo caminando desde la puerta de mi casa de la calle Orán hasta la playa. Era un paseo en línea recta, bajando por la avenida de Moulay Ismaíl hasta la puerta (bab) del Mellah, y una vez intramuros seguía por la calle Derb Oukassa hasta desembocar en la calle Consuls, para continuar hasta el final, atravesar el cruce de los bulevares La Alou y Tariq el Marsa, subir la cuesta dejando a mi derecha la alcazaba de los Udayas, y descender a la playa entre el cementerio de Chouhada -a la izquierda- y el de Yabouri -a la derecha-.

Ni que decir tiene cuánto extraño esos días rabatíes, en esa Arcadia feliz en la que tuve la suerte de vivir dos años

Ni que decir tiene cuánto extraño esos días rabatíes, en esa Arcadia feliz en la que tuve la suerte de vivir dos años gracias a mi amigo Víctor García de la Concha, por entonces director del Instituto Cervantes, y la suerte también de conocerlos a muchos de ustedes, y también los extraño.

Me hubiera gustado -ya se lo imaginan ustedes- conocer esa playa en la época de la foto de la postal de hoy, con las casetas de baño a rayas de colores, con hombres y mujeres bañándose y bronceándose sin que nadie mirase mal a nadie, y sin basura en la arena.

Pero, sea como sea, me gusta esa playa y me gustaban mis paseos desde mi casa, con la toalla al hombro. Y esos paseos empezaban ahora, con la primavera.