Domingo, 28 de Mayo de 2017 Actualizado: 14:59 h.

Edificio elegante, un buen amigo, el pescado y un barrio plácido

Estampa de la catedral de San Pedro de Rabat rodeada, en la época, de solares, aunque ya son visibles algunos de los edificios más emblemáticos del 'centre-ville'.
Estampa de la catedral de San Pedro de Rabat rodeada, en la época, de solares, aunque ya son visibles algunos de los edificios más emblemáticos del 'centre-ville'.

Siempre que paso por delante de la catedral me quedo un instante embobado con la extrema elegancia de ese edificio; lo miro, me recreo, y después dirijo mis ojos a otra construcción de esa misma plaza -que aún no existía cuando se hizo esta foto, pues se adivinan los solares vacíos- para mirar el balcón de la casa de uno de los mejores amigos que me regaló Rabat, y que dentro de dos meses ya no vivirá allí, pues terminan sus cinco años de servicio en el exterior. Un gran tipo que cuando llegó a Rabat no comía pescado con la excusa de que era alérgico a los animales marinos, y poco a poco, en gran parte con mi presión, fue haciéndose ictiófago.

¡Y qué placidez la de ese barrio! No importa que allí, en la plaza, se crucen las dos líneas del tranvía; sigue siendo uno de esos sitios de Rabat en los que se respiran la paz y la tranquilidad de esa bella ciudad.