Jueves, 19 de Octubre de 2017 Actualizado: 00:25 h.

¿Arcila o Asilah? ¿Y qué pasó con Alcazarquivir? ¿Y con Tafilete?

A los aficionados al estudio de la toponimia nos invade la melancolía cuando nos toca ser testigos del declive de algún topónimo moribundo, y eso es lo que a mí me sucede cada vez que oigo a un hispanohablante pronunciar el nombre Asilah.

 

Si quien así lo dice es de Hispanoamérica el asunto es más disculpable, pues estas tierras marroquíes quedan al otro lado del charco; mas cuando el que usa esa denominación es de España la cosa tiene un perdón más difícil, pues, no en vano, en la historia de estos dos países vecinos hubo muchos años en los que ese bello pueblo costero estuvo bajo administración española. Y antes, siglos antes, ya tenía nombre en español ―Arcila― y también en portugués ―Arzila―.

 

Lo curioso es que los mismos que dicen Asilah pueden además contarnos que está situada en la costa norte de Marruecos, entre Tánger y Larache; pero a ninguno de ellos ―de momento― se le ocurre decir que está entre Tancha y Al Araish, que son los nombres árabes de esas dos ciudades… ¿Por qué el topónimo Arcila está moribundo mientras que sus dos vecinos costeros siguen vivitos y coleando? ¿Alguien puede explicármelo?

 

Lo mismo le sucede a otra población del norte de Marruecos, que también tiene nombre en español ―Alcazarquivir―, topónimo tradicional en nuestra lengua hoy muy ninguneado por muchos hispanohablantes que prefieren llamarlo en árabe: Ksar el Kebir… Menos mal que en aún queda gente que al hablar de esa ciudad, sobre todo los judíos nacidos allí, la mencionan cariñosamente como Alcázar.

 

Vayamos ahora hacia el sur, muy al sur de este país, a darnos un paseo por los oasis de Tafilete, sí de Tafilete, el mismo sustantivo que, escrito con minúscula inicial, según el Diccionario de la lengua española (de la Real Academia Española) significa ‘cuero bruñido y lustroso, mucho más delgado que el cordobán’. Pues no, no señores, ahora cualquier hispanohablante aficionado al desierto nos hablará de Tafilalt sin relacionar en absoluto ese nombre con el del cuero fino para fabricar guantes, originario, claro está, de esa región marroquí.

 

Menos mal que al hablar de las bellas playas mediterráneas de la costa norteña todo el mundo menciona la de Alhucemas y aún a nadie ―todo se andará― le ha dado por enterrar ese nombre y usar su equivalente en árabe ―Al Hoceima―.

 

Pero no se asusten, no se trata de un fenómeno nuevo; a lo largo de la historia de las lenguas eso ha sucedido muchas veces y, aunque a algunos nos ponga melancólicos, va a seguir sucediendo.

 

¿No les suena más bonito ―y más nuestro― Angora que Ankara?