Domingo, 30 de Abril de 2017 Actualizado: 02:14 h.

MEMORIA HISPANO-MARROQUÍ | EL CEMENTERIO ISLÁMICO DE BARCIA

Marroquíes olvidados caídos por (una) España

Engullido por la maleza se encuentra el Cementerio Islámico de Barcia, una pequeña aldea de Asturias, en el norte de España. El camposanto se levantó para que los marroquíes del ejército franquista muertos en la guerra civil encontrarán la paz eterna. Enterrados en el olvido se hallan los restos de unos 500 soldados originarios de Marruecos.

Víctima del olvido, el cementerio ha sido invadido por la maleza, a pesar de que algunos vecinos se ocupan de su cuidado y limpieza [Fotografía: Eduardo Bilbao González].
Víctima del olvido, el cementerio ha sido invadido por la maleza, a pesar de que algunos vecinos se ocupan de su cuidado y limpieza [Fotografía: Eduardo Bilbao González].

La aldea asturiana de Barcia, en el norte del territorio español, a proximidad del Mar Cantábrico, alberga uno de los cementerios musulmanes que el general Francisco Franco mandó construir durante la guerra civil para sus tropas africanas. Miles de combatientes marroquíes y rifeños que dejaron su vida lejos de sus hogares en las filas de las tropas regulares indígenas que lucharon contra la España republicana. El "cementerio moro", como se le conoce en la zona, fue levantado en 1936 con el fin de inhumar a toda aquella "carne de cañón" musulmana que, con fiereza, se batía en el frente de Oviedo, en batallas como las de El Escamplero y La Cabruñana, bajo las premisas de la Cruzada Nacional franquista. El camposanto de Barcia fue construido para que todos estos marroquíes encontrasen la paz tras hallar la muerte las cruentas contiendas asturianas. Allí, enterrados en el olvido, aún está los restos de unos 500 soldados originarios de Marruecos.

 

El "cementerio moro" fue levantado en 1936 con el fin de inhumar a toda aquella "carne de cañón" musulmana que, con fiereza, se batía en el frente de Oviedo, bajo las premisas de la Cruzada Nacional franquista

Engullido por el bosque que lo rodea y lo habita, por la maleza, helechos y la hiedra de sus muros y torres, el cementerio moro de Barcia ve pasar en silencio a los peregrinos cristianos del Camino de Santiago que por sus cercanías transitan camino hacia la capital de Galicia. La peregrinación transita a menos de 100 metros de sus muros, derruidos en algunos puntos, que rodean 4.000 metros cuadrados de suelo venerado. De planta rectangular en sus cuatro esquinas se levantan otras tantas torres-garita a modo de vigías. A su interior se accede por una única puerta de estilo árabe con su arco de herradura perfectamente conservado. Nada se sabe del destino de su noble puerta de madera color azul intenso, según rezan los documentos y testimonios de la época. En su interior y casi ocho décadas después se pueden percibir las lajas de pizarra que tímidamente sobresalen del húmedo suelo para indicar el emplazamiento de las tumbas.

 

La abundante vegetación y el arbolado que con el paso del tiempo fue creciendo refleja el estado de abandono tanto de las autoridades españolas como de las marroquíes. Anejo a este recinto se encuentra otro formado por un sólido muro exterior con dos torres-garita. Dicen en la comarca que son los restos de una mezquita que nunca llegó a construirse. Fueron los campesinos de la zona, de aldeas cercanas, los encargados de levantar el cementerio, sus muros y torreones, con la pizarra de la región y a la manera tradicional del occidente asturiano. Laja con laja, sin cemento ni masa, ancestrales técnicas de canteros y obreros de la piedra asturianos, que hacen que perduren las paredes alineadas y verticales a pesar del paso del tiempo.

 

OLVIDADO DE LA ADMINISTRACIÓN ESPAÑOLA

Son los lugareños quienes, de cuando en cuando, limpian y adecentan el lugar. Viejos que desde niños manifiestan de este modo el respeto que se merecen esos muertos marroquíes aún siendo de otra confesión diferente a la de ellos. En estos viejos todavía están muy presentes en sus recuerdos escenas de entonces. “Ponien a los moros muertos encima na piedra y envolviénlos en un trapu blancu, entós el santón rezábayos cánticos. Metienlos na fosa con la cabeza pa La Meca, tapándolos con una piedrona enrriba, y poniendoyos una laja na tierra pa saber onde taben”, comenta un lugareño en un español salpicado con vocablos en bable, el dialecto propio de Asturias. Algunas de esas tumbas fueron saqueadas durante la posguerra pensando encontrar en ellas joyas y oro, riquezas que nunca existieron pero que impregnaban el imaginario asturiano, ya que siempre hubo leyendas de tesoros ocultos alrededor de los moros desde tiempos de Pelayo y su Reconquista.

 

Algunas de esas tumbas fueron saqueadas durante la posguerra pensando encontrar en ellas joyas y oro, riquezas que nunca existieron pero que impregnaban el imaginario asturiano,

Pasaron los años. El cementerio fue abandonado entonces y olvidado por las diferentes administraciones públicas, como el Principado de Asturias y el Ministerio de Defensa. Todo, a pesar de las heterogéneas voces que se han levantado para pedir su recuperación y puesta en valor. Asociaciones de vecinos locales, de hosteleros, de la comunidad islámica asturiana, historiadores e investigadores de la Universidad de Oviedo y medios de comunicación son unánimes en cuanto a la rehabilitación del cementerio moro de Barcia. Quizás la ayuda y parte de la solución venga desde el norte de África, de donde los aquí enterrados partieron un día y en estas tierras asturianas encontraron sepultura. La Ciudad Autónoma de Melilla ha manifestado en repetidas ocasiones su interés por recuperar este camposanto como homenaje a los soldados musulmanes caídos en combate. Tal petición ha vuelto a sonar con fuerza durante los últimos meses habida cuenta que en 2011 se celebra el centenario de la fundación de las Fuerzas Regulares Indígenas. Pero, "el debate más serio es qué hacer con él. ¿Restaurarlo o darle un nuevo uso?", reflexión en alta voz lanzada por dos jóvenes historiadores y arqueólogos asturianos, Valentín Álvarez y David González, apasionados del Cementerio Islámico de Barcia.